La permanente formación del profesor de ELE

En la Unidad 5 se ha explorado una caracterización del profesor de ELE. Cómo somos y cómo debemos ser: es un tema que le gusta a todos, sobre todo si uno sale bien parado por su oficio. Yo no juzgo positivamente el hecho de que el profesor de ELE –y el de secundaria, ya que estamos: toda la docencia va en esa dirección, sino ha llegado ya a ese destino– sea una suerte de hombre orquesta. La función primera de un profesor es enseñar su materia, luego vienen los medios, que son muchos y variados, más divertidos (gamificación) o más directos (clase magistral). Lo importante es no privilegiar el medio sobre el fin, cosa que se suele hacer en muchas clases de pedagogía –de nuevo, pienso en el máster de Educación, que un servidor cursó en su momento–. Afortunadamente, no es el caso de este máster de ELE, y eso se agradece infinitamente.

Entre los distintos aspectos de este oficio que se exponen en la Unidad 5, digo, me ha interesado especialmente el de la formación permanente del profesor. Es fundamental estar al día tanto en enfoques y metodologías como en asuntos más concretos, como temas de planificación o incluso de gestión de emociones en el aula. Están los grados de filología, un título idóneo, pero también los cursos del Instituto Cervantes y, por supuesto, másteres como este, de la Universidad de Nebrija.

Uno debe actualizarse no solo porque cada día hay nuevos descubrimientos, que conviene conocer, sino también porque nuestro contexto es cambiante: el alumnado de ELE es plural y requiere un determinado tipo de atención. Hay muchos cursos que van más allá de las nuevas metodologías que ayudan a dar respuesta a situaciones específicas que por nuestra cuenta no sabríamos cómo abordar exactamente, pues no todos los alumnos son jóvenes universitarios, muchos se encuentran en una situación más vulnerable: migrantes y refugiados, como muchos de los que han llegado a Europa en estos últimos años y que debemos acoger e integrar.

Asistir a cursos y talleres –o, en otro nivel superior, un máster– me ha enseñado a dar clase, a saber cómo debo enseñar cosas concretas. En un principio, tengo conocimientos más que suficientes sobre la lengua, pues para eso cursé filología; sin embargo, creo que sin la formación pedagógica y cognitiva para enseñar español tendría problemas para enseñar español. ¿Cómo enseño el subjuntivo? ¿Cómo determinadas subordinadas de finalidad? Incluso algo, si no más sencillo, más urgente de aprender: ¿cómo explico la diferencia entre ser y estar sin recurrir a aquello de que depende de la transitoriedad? Puedo hacerlo, de manera intuitiva y basándome en mi experiencia, pero me siento bastante más seguro después de aprender métodos y formas de explicar que realmente funcionan. Y eso son cosas concretas, no hablemos ya de enseñar la lengua en sí: diseñar toda una unidad didáctica orientada a la consecución de una tarea para dominar un determinado nivel de la lengua; o directamente cuestiones pedagógicas: ¿cómo manejo mi clase? Por fortuna, no soy el único que está lleno de dudas.

Menos mal que existen otros que saben más que yo y me pueden regalar un poquito de su conocimiento. 

Así pues, una pequeña revisión de lo que podemos estudiar para formarnos como profesor de ELE: 1) estudiar filologías y másteres; 2) hacer cursos del Instituto Cervantes y de otras instituciones; 3) leer artículos y libros, tanto académicos como de divulgación; 4) consultar los muchos materiales de ELE disponibles en Internet, pues la comunidad de profesores de ELE es muy activa; 5) asistir a conferencias y seminarios –o verlos en Internet: hay muchas jornadas y congresos colgados en YouTube o en los repositorios de las universidades–. Hay más cosas, más sitios; para empezar, esto quizá es suficiente.

A quien interesare, dejo aquí los siguientes materiales y referencias:

Una publicación del Instituto Cervantes sobre preguntas frecuentes para ser profesor de ELE: https://cfp.cervantes.es/preguntasfrecuentes.htm



Comentarios

  1. Hola, Alejandro,
    La curiosidad es el motor que mueve al mundo. Es el gen creador que nos ha llevado de los árboles hasta el arte y las ciencias. Es gracias a que existen personas creativas y curiosas como tú ---que buscan constantemente la respuesta a sus interrogantes y que no dudan en confiar en gente más experimentada para aprender de ellos--- que el mundo se mueve y evoluciona. Desde mi punto de vista, ese es el sentido de la vida aprender y enseñar. Estoy seguro de que tú tienes tus propios procedimientos en estos dos ámbitos y que podrías compartirlos. Todo ese bagaje con el que cuentas puede enriquecer a quienes te rodean.

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